viernes, 27 de marzo de 2015

Neurosis postmir: Anestesia en el 12 de Octubre

Como había prometido, aquí estoy, un siglo después, dispuesta a hablar laaaaargo y tendido sobre cómo se organiza la Residencia de Anestesiología y Reanimación en mi hospital.
No ha pasado ni un año desde que yo rondaba por hospitales y…¡qué de cosas más preguntaría ahora a la hora de escoger! Y es que Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor es una especialidad amplísima y bastante desconocida. Sin ser quirúrgica, tiene muchísimas técnicas. Muy interesantes, y en boga, los bloqueos periféricos en cirugía ortopédica y traumatológica, el manejo de la Vía Aérea Difícil, las técnicas para tratamiento del Dolor, la ecografía para bloqueos, y la ecografía diagnóstica en Reanimación: pulmonar, ecocardio…
Además, al ser tan amplia siempre puedes subespecializarte: escogerla no te cierra puertas. Anestesia Pediátrica es otro mundo, así como Reanimación, Dolor...Y si el hospital que escojas se queda cojo en alguna de las patas, piensa que tienes tooooda la vida para seguir formándote, si ese campo te interesa especialmente. 
Lo cierto es que, al final, ahí está el azar, y es como si cada cual acabase donde le toca…Sea el lugar que sea, con sus más y sus menos, si uno pone el corazón y las ganas, lo demás acaba viniendo solo.

Y bien: tras esta parrafadilla introductoria...
  • Cómo se organiza la residencia. 

La residencia de Anestesia, como cualquiera, tiende a ser bastante uniforme en todos los hospitales, y es que, al fin y al cabo, independientemente del sitio que uno escoja, se trata de formarse correctamente. Como muchos sabréis, son 4 años (que deberían ser 5) durante los cuales debes transformarte en Anestesiólogo, Reanimador y Terapeuta del Dolor. ¡Qué vértigo!
De R1, en mi hospital, hacemos 5 meses fuera del Servicio, durante los cuales, en general, se rota con algún coR de otras especialidades (cosa que puedes llegar a echar de menos después, cuando estás en quirófano):
-Un mes en Nefrología, en PICs (Partes de Interconsulta) o en la Unidad de Agudos: son transplantados renales con procesos agudos, o los recién transplantados al salir de Reanimación, y antes de ir a Planta; una especie de unidad de cuidados intermedios. También es la unidad donde se realiza Hemodiálisis.
- Otro en Cardio, que puede ser en PICs o en Planta.
- Otro en Radiografía de tórax (el subsuelo, que le llamaba yo), donde pasas mañanas enteras, con un horario benevolente, aprendiendo un montón sobre interpretar placas de tórax. Una rotación que en su día me pareció algo aburrida, y sin embargo al final me está resultando (y me resultará en un futuro) muy útil.
 - Y 2 meses en Urgencias de Medicina Interna, en el área de Observación-encamados. Un ritmo frenético de trabajo, donde se ven procesos agudos y muchas veces graves, que desde mi punto de vista pueden ser útiles para nosotros: fibrilación auricular, broncoespasmos, shock séptico, síndrome coronario agudo…Cosas que pueden llegar a suceder en un quirófano. Y qué decir de los pacientes que se complican en Reanimación.

El orden varía, claro. El resto del tiempo ya eres todo un anestesioblasto que lucha por no tropezar con los cables en el lado oscuro del quirófano, donde estás solo con tu adjunto responsable. Lo cual significa que, salvo técnicas complicadas, tú vas a hacer todo, supervisado. No tienes que “pelearte” con ningún coR por ver quién intuba esta vez.
-       - 1 mes en quirófano de Trauma.
-       - 1 mes en quirófano de Cirugía General.
-       - 1 mes en un quirófano donde se hacen ambas cirugías a días alternos.
-       - 1 mes en Obstetricia- Paritorio (esta rotación sí se hace junto a un coR, pero vamos...que hay epidurales de sobra para todos).
-       - 1 mes en Ginecología.
-       - 1 mes en Consulta de Preanestesia.

De R2 en adelante se va rotando por los distintos quirófanos en orden creciente de complejidad, de forma que la cirugía cardíaca, vascular, torácica, neurocirugía…se suelen hacer de R3-R4. Además, se hacen rotaciones “externas” dentro del propio hospital, como por ejemplo en UCI Politrauma, y post-operados cardíacos, que lleva Medicina Intensiva. En Rea se llevan los transplantes de pulmón y riñón, si no me equivoco. Otras rotaciones son Dolor crónico y UDA (Unidad de Dolor Agudo), CMA, Reanimación.

Del Doce destacaría una Unidad del Dolor joven y que está creciendo a marchas forzadas, la Unidad de Hipertensión Pulmonar (en la que participan multitud de especialidades, y entre ellas la nuestra), los transplantes de todo tipo…Y que es el hospital de referencia del sur de Madrid. Así pues, que sea tan grande tiene la ventaja de que vas a ver absolutamente de todo (por lo que no te temblarán las piernas cuando estés solito, como adjunto recién estrenado, en un comarcal perdido de la mano de Dios), y la desventaja de que a veces puede ser algo impersonal y de que todo está muy subespecializado (por ejemplo, las traqueostomías en Rea las hacen los otorrinos).

  • Rotaciones externas

Lo ideal sería tener 2-4 meses “vacíos”, es decir, donde no existan quirófanos o rotaciones programados para poder hacer rotaciones externas. En el Doce no es así, y desconozco cómo es en otros. Pero lo que sé es que en mi hospital, y suele ocurrir en todos, no te ponen pegas para marcharte fuera un tiempo para rotar en áreas que quieras reforzar, que te interese especialmente por cualquier motivo, o en las que quizá tu hospital se quede algo corto. Y, claro,  que si no están previstas se te permita cambiarlas por algunas de las que tienes en tu planning sin que ello suponga un déficit importante en tu formación. Siempre es enriquecedor ver cómo se trabaja en otros lugares. En general, las buscas tú, con ayuda de tutores y/o resis mayores. Las R. Externas más habituales son bloqueos periféricos y Vía Aérea Difícil. También puedes rotar en Cirugía Cardíaca o Torácica, en Rea o UCI…Según qué te vaya interesando más. Aunque ciertas rotaciones hay que solicitarlas con bastante antelación. Y eso sí: suena muy guay rotar en EEUU o Reino Unido, pero en general en el extranjero sólo se te permite mirar, “estilo estudiante”, por temas de responsabilidad profesional.

  • Asistencia a cursos, jornadas, congresos…

En Anestesia, en un hospital grande, como el mío, donde somos tantos resis por año, asistir a congresos no es fácil, relativamente. Es decir, uno puede pagarse de su bolsillo cuanto quiera, pero la financiación es una cosa que anda regular en los últimos tiempos.
No obstante, poco a poco uno puede irse haciendo con sus contactos, y los adjuntos suelen conseguir inscripciones gratuitas muchas veces.
Lo que es importante es que, sobre todo siendo R1-R2, donde sueles ser bastante prescindible en quirófano, que no te pongan pegas para asistir. Mi tutora suele decirme que “prima siempre la formación”. Yo he acudido a un curso de una semana entera de ECG, a jornadas de Transplante, a la Reunión de la SAR Madrid…y jamás me han dicho que no ni me han puesto una mala cara. Hay muchísimos cursos interesantes: te vas enterando poco a poco.
Eso sí, autofinanciación a tope.
  •     Sesiones clínicas 
Normalmente hay  dos sesiones: sesión de resis solos el martes a las 7.45 (¡prohibido asustarse! xD), y sesión del Servicio los viernes a las 7.45, que también suelen ir orientadas hacia nosotros y en las que se pasa una hoja de firmas. Después hay una de adjuntos a la que a veces asistimos si el tema es acorde con nuestros conocimientos o tenemos especial interés.
También hay sesiones cada 2 semanas de Anestesia Obstétrica para R1 y R2, y después en cada sección del Servicio mientras se está rotando allí: cardíaca, transplante, Rea, Infantil. Últimamente estamos “a tope” con las sesiones de la Unidad del Dolor. A veces no se puede acudir: si estás saliente y ocupado, si tu rotación empieza antes de la hora a la que acaba la sesión…Pero no supone una tremenda pérdida, y es ocasional.
Además, una vez al mes se hacen sesiones interhospitalarias con el resto de hospitales de Madrid mediante videoconferencia y chat, que son bastante enriquecedoras.
Como somos muchos resis, no vas a vivir preparando sesiones, al menos de R pequeño, lo cual, al principio, se agradece porque no estás agobiado.

  • Guardias

De R1 comienzas haciendo guardias de Urgencias en lo que en el Doce llamamos “Agudos”, que viene a ser Observación/Encamados, junto a los coerres de especialidades médicas. Se hacen en teoría durante todo R1, unas 3-4 al mes, aunque a partir de enero empezamos con las guardias de especialidad y, si quieres, puedes ir haciendo menos de Urgencias. Por ejemplo, en enero hice mi primera guardia de Anestesia, así que hice 2-3 de Agudos, y en abril, que tengo tres de Anestesia, en principio haré sólo una de Agudos. Según lo útil que te resulte, lo bien o mal que las aguantes, y lo saneada que esté tu economía de residente xD. Contaros cómo son las guardias de Agudos me llevaría un post entero, así que si hay alguien especialmente interesado le contaré con mucho gusto de forma privada.
Y bien…en cuanto a las guardias de Anestesia…son otro mundo. Un mundo feliz, donde se puede dormir más (a veces), y donde tienes oportunidad de aprender un montón y de ver y hacer un montón de técnicas.
Digamos que hay varios tipos:
-       - General: mucha Trauma y Cirugía General- apendicitis, perforados…-, Vascular – el temido aneurisma de aorta roto…-, Maxilofacial…Muy, muy variado. A veces se duerme: ¡toda la noche en mis dos primeras guardias! Y lo dicho: muy útiles. En mi primera guardia hicimos una urgencia neuroquirúrgica para empezar la mañana, y en la segunda hice mi primera intubación nasotraqueal, por poner algunos ejemplos. ¡Fue genial!
Además, compartes la guardia con un resi mayor, y con 3 adjuntos. Es decir: nunca estás solo.
-      -  Mater: obstetricia, básicamente, con sus millones de epidurales y césareas urgentes. Pero también patología ginecológica urgente, pacientes recién operadas de la Rea que resangran, pacientes de la Rea en estado crítico que empeoran a media noche, preeclampsias…Otro mundo, pero ¡tan bonito! Eso sí: aquí se corre, y mucho. Si logras dormir algo y al día siguiente hay sesión, los adjuntos de la mañana te suelen coger el busca y te dejan asistir.
-      -  Niños
-       - Guardias de Reanimación

Estas dos últimas una vez has rotado en Anestesia Pediátrica y Rea, con lo cual aún no puedo contaros de qué van. Pero ambos campos me llaman poderosamente la atención.

Luego existen las guardias de Transplante, de las cuales aún no conozco apenas nada.
Suelen hacerse 4 guardias al mes y se libran todas.

  • Horario normal

Los quirófanos suelen comenzar a las 8.30. No obstante, lo suyo es llegar antes para ir viendo al paciente en el antequirófano, para ir al quirófano a cargar la medicación y comprobar los equipos e instrumentos…Y además, depende del adjunto con quien estés. Algo que todos consideramos bueno: que si el parte programado se prolonga, a las 14.45 los anestesistas de guardia o de tarde te sustituyen y te vas a casa. Horario fijo que te deja toda la tarde libre J Para mí no es algo bueno: es maravilloso poder comer en casa cada día, si así lo quiero; ¡sentir que no se me va la vida dentro del hospital! Porque sí: me encanta mi profesión, pero trabajo para vivir, no vivo para trabajar.
  •  Minucias y detalles

La comida del Doce es de las mejores de los hospitales de Madrid, o eso dicen quienes conocen otros centros. Obviamente, cuando llevas un tiempito por aquí, pues te cansas, pero hay buffet de ensaladas y otros dos primeros para elegir, y 3 segundos. Eso sí: no cojas un sobrecito de kétchup o botellita de agua y coca cola de grifo sin pagar el extra, que se ponen como fieras xD.
No nos dan abono transporte: venir hasta el Sur corre de tu cuenta. Pero la línea amarilla es una maravilla, hay muchos buses y estación de cercanías que te deja en cinco minutos de reloj en Atocha. Yo vivo en el centro y voy en metro, y mi trayecto son 15 minutillos, o sea que está bastante bien comunicado.

Hay parking gratuito que se llena enseguida. Lo bueno es que madrugamos más que la media, y que “salimos” de Madrid, con lo cual no encontramos atasco. Si el parking gratuito no tiene huecos libres, hay parkings que cuestan 1 euro al día, o algo así. 
Y bueno...digamos que tenemos una población en cierto modo especial, lo cual te da un ojo clínico y un desarrollo de las formas, la diplomacia y la paciencia que otros lugares no te dan. Así como patologías frecuentes, pero también raras, y casos "muy pasados".

Y bueno...eso es todo lo que puedo ofreceros con el cansancio acumulado de una larga semana. Espero que os hayan entrado ganas de veniros al Doce, y/o que si dudábais con Anestesia veáis que es una gran opción a tener en cuenta. Como siempre, y, como siempre, con cierto retrasillo, estoy a vuestra disposición :)

¡Suerte a los electores, que ya tenéis día! 

lunes, 9 de marzo de 2015

Neurosis postMIR: qué preguntar cuando visitas hospitales

Hace doce meses andaba perdida. Loca perdida, y perdida en una maraña de preguntas encadenadas, sin respuestas. "La vida de ni-ni, la vida mejor", me dijeron. Pero no. Los meses que siguen al MIR estás de vacaciones, sí. Unos, con más suerte y más pasta, se relajaban en Tailandia, otros hacían voluntariado en África, otros cuantos nos comíamos el coco y no dábamos tregua a la maltrecha neurona única que malvivía en algún rincón de nuestro cráneo.

Me gustó sentirme comprendida y que los resis a los que preguntaba fuesen amables conmigo cuando, el año pasado, yo acababa de pasar por El Trámite. Así que, como comenté en la última entrada, aquí os ofrezco un post muy distinto a lo habitual. Una serie de consejillos (exteeeeensa, en mi tendencia a enrollarme como una persiana) basados en mi experiencia haciendo "hospiturismo" y vagando como alma en pena por los hospitales de hasta 3 provincias diferentes. 

- QUÉ ESPECIALIDAD ESCOJO
La pregunta del millón. Si tenéis el corazón partío entre varias...mi consejo, que primero fue consejo de mi padre, es que prioricéis aquella que sea capaz de llenaros y al mismo tiempo os ofrezca mayor calidad de vida. 
Si dudáis entre varias, yo trataría de aclarar un poco esto antes de ir a preguntar, sobre todo si dudáis entre muchas especialidades, para no volveros locos. Haced listas de pros y contras (os reiréis si os topáis con ellas un año después :), y preguntad mucho. No obstante, sobre todo al principio, interesarse por varias especialidades os puede ayudar a decidiros por una. Así comencé yo a descartar Gine y Pediatría. 

- HOSPITAL GRANDE VS. HOSPITAL PEQUEÑO
Difícil decisión si vienes de un hospital relativamente pequeño, como yo. Más bien diría “familiar”. Hay que priorizar. Yo, como anestesista, quería formarme en un lugar donde viese todo tipo de cirugías, incluidos transplantes, grandes cirugías, politraumatizados…y por tanto una Rea grande. Y que también tuviese una Maternidad y un Infantil potentes. Todo eso sólo podía conseguirlo en un hospital grande, por lo que prioricé mi formación. No obstante, en función de qué escojas, variarán tus necesidades. Si quieres “hacer manos”, ver patología frecuente, y sentirte desde el principio “uno más” en el equipo… vete a un pequeño-mediano donde te dejen hacer mucho y haya pocos residentes. Pero esto es algo tremendamente variable según la especialidad (acudid al omnipotente youtube en busca de vídeos de jornadas postmir).
  
- JORNADAS POSTMIR
 Asistir a las jornadas puede ser revelador, y que en mitad de una charla descubráis que ésa especialidad está hecha para vosotros, o que volváis acasa hechos un lío y casi más agobiados que al principio, que fue lo que me pasó a mí. Así que a vuestra elección queda. Yo, si repitiera experiencia...vería desde casa los vídeos. Aunque los días madrileños no estuvieron nada mal :) 


...Vale. Parece que voy atando cabos, pero...¿qué hago ahora? ¿Qué pregunto?

- Contactad con el hospital. 

Por supuesto, podéis ir un poco  "a la aventura”, y una vez en los hospitales buscar las secretarías del Servicio que os interese; anécdota: en el Directorio de La Princesa leí "Anestesiología y Reanimación" en 6 o 7 plantas distintas...podéis imaginar mi cara de póker sin saber a cuál subir. Así que, por esta y otras razones, yo trataría de contactar con alguien antes de ir. Y, cuando vayáis, pedid mails o teléfonos para contactar por si después os surgen más preguntas.
Normalmente, en las Secretarías suelen contactar con algún resi o con tutores para que os cuenten un poco.  Pero tened en cuenta que a veces no es fácil pillarnos, así que yo trataría de quedar con alguien previamente, sobre todo si sois de fuera y vais con el tiempo justo.
Lo que yo hice fue tirar de contactos, pues ya conocía a algunos resis y adjuntos por la facultad, y contactar con las comisiones de docencia o las secretarías de los distintos Servicios y hospitales que me interesaban (por mail o por teléfono; suele ser fácil de encontrar en sus webs). En ciertos sitios fueron súper amables, y en seguida me pusieron en contacto con residentes. En otros hospitales ni me cogían el teléfono. Cuando no tuve forma de contactar, iba por los pasillos mendigando atención xD. También es una forma válida, sobre todo si no tienes prisa (que en la vida ni-ni del postmir, suele ser la norma). En general, siempre te atienden y son bastante majos. Hasta saliente de guardia me informó a mí una de mis actuales resis mayores, y además, en persona, por mail, por teléfono y hasta por whatsapp.  

Si podéis, y dais con alguien majo, yo intentaría pasar unas horas allí, para ver “in situ” cómo se trabaja. Os puede ayudar a decidiros por una especialidad, por ejemplo, volver a ver una cesárea (cosa que no te ocurría, qué sé yo, desde cuarto de carrera).


- Qué preguntar.

Partamos de la base de que ningún hospital lo tiene todo, ni es perfecto, ni maravilloso. Pero vayamos a lo práctico: qué te interesa saber a la hora de escoger una especialidad en un hospital en concreto. En esta entrada me voy a referir a generalidades, pero una sólo sobre Anestesia está en proceso ;)
  • Cómo se organiza la residencia. 
Años de duración, por dónde se rota en cada año, posibilidad de subespecializarse en un futuro. Cosas destacables de ese hospital en concreto en cuanto a la organización (aspectos positivos y negativos; si rotas con coR´s de tu especilidad o de otras, si hay que "pelearse" para hacer ciertas técnicas/cirugías).
  •  Rotaciones externas
Lo ideal es que haya 2-4 meses “vacíos”, para hacer rotaciones externas. En áreas que quieras reforzar, que te interesen especialmente, o en las que tu hospital cojee. O, simplemente, porque siempre es enriquecedor e interesante ver cómo se hacen las cosas en otros lugares. 
Si, como en mi caso, no están previstas, que os permitan cambiarlas por otras rotaciones sin que ello suponga un déficit importante en vuestra formación general. 

  • Asistencia a cursos, jornadas, congresos. 
Que no os pongan pegas y que os den permiso para ir. Mi tutora suele decirme que “prima siempre la formación”. Esto suele ser más fácil cuando eres R pequeño, y cuantos más resis haya. Así, más prescindible eres; especialmente en Anestesia, donde tú nunca vas a estar programado en un quirófano solo, sin adjunto responsable. 
  • Sesiones clínicas.
Cuántas se hacen, a qué hora son, si merecen la pena. Si puntúa la asistencia. Saber si se hacen sesiones interhospitalarias, pues pueden ser interesantes, también en el sentido de conocer a gente de otros hospitales y saber cómo trabajan, para intercambiar ideas... En Madrid se hacen una vez al mes con videoconferencia y chat. 
Y también saber cuántas te toca preparar al año. Que enseñar y aprender, prepararlas, vencer el miedo escénico… está muy bien, y es necesario, pero una cosa que esté bien. Que no os sobrecarguen. Que hay mucho que estudiar y que vivir como para pasar las tardes pegado al powerpoint.

  • Organización del Servicio. 
Papel e importancia del residente. Que se cumpla eso que dicen de que nuestro contrato es de formación. Que no os pongan pegas para ir a cursos. QUE LIBRÉIS LAS GUARDIAS POR NORMA. 
  •  Guardias.
Guardias de Urgencias. Durante cuánto tiempo se hacen (un año o menos es lo ideal, bajo mi experiencia), cómo son (en encamados, en ambulantes- que sería “la puerta”, propiamente dicha-...) y qué organización/jerarquía hay (cómo se distribuye el trabajo). Si se parte en dos turnos durante la noche por sistema, o es poco frecuente. Si se aprende y qué se aprovecha, qué se saca en claro de ellas. A veces pueden ser frustrantes y cansadas. Pero yo creo que siempre aprendes algo ;)

Cuándo se comienza a hacer guardias de especialidad. Qué tal son, qué cosas se suelen ver. Con quién compartes la guardia (no es lo mismo ser el único resi que estar con un mayor, y con más o menos adjuntos). Si te permiten ir a las sesiones si estás a punto de acabar la guardia.

Número de guardias y si se libran. Un mínimo de 3 guardias para tener un sueldo decente. Entre 4 y 5 lo ideal para no morir en el intento. 6-7...en vacaciones, para cubrir huecos de los compañeros. De transplante, en especialidades del área quirúrgica. 
  • Horario normal. Si os pagan hasta las 3, que salgáis a las 3. Si saliese a media tarde más veces que menos me hubiese saturado en cuestión de meses. En caso de que pertenezcáis al área quirúrgica, sabed si hay peonadas, y si os sustituyen o no cuando finaliza el horario de mañana.
  • Secciones que tiene el Servicio, y si hay que suplir algo con rotaciones externas porque el hospital sea deficitario en ello. Si hay tiempo destinado/reservado a rotaciones externas, y si no lo hay, que no se pierda excesiva formación.
  •  Futuro laboral, salidas, facilidades para encontrar trabajo al acabar la residencia, incluso dentro del propio hospital.
  • Sueldo

  • Otros detalles
Minucias que, bueno, si te da absolutamente igual un sitio u otro, pueden marcar la diferencia. Lo céntrico que está el hospital, si te dan algún plus económico o te dan de forma gratuita el abono transporte, si la comida es más o menos variada y rica, qué comidas se incluyen en la guardia, cómo son los vestuarios y las taquillas (yo no sabía que existía la posibilidad de tardar más en llegar a la taquilla que al metro xD-aunque el paseo merece la pena, mi vestuario es más amplio y mi taquilla menos enclenque), si vais en coche o en bici qué facilidades tenéis para llegar y/o aparcar, qué cosas hay en los alrededores (para esas cañitas al salir de trabajar)...

Qué tal es el ambiente en el hospital, en el Servicio, entre los resis del servicio. En los dos últimos puntos, suele crear buen ambiente que haya adjuntos jóvenes y relativamente pocos residentes.

Preguntad a quien os informe si fue a preguntar a otros sitios, y qué opinión tiene sobre ellos. En mi caso, esto me evitó ir a ciertos sitios (tened en cuenta que iba con el tiempo limitado).



Espero haberos resultado útil :) ¡Contadme! Y, lo dicho, en breve información más concreta para anestesioblastos en ciernes ;)


sábado, 7 de febrero de 2015

¿Los días felices? Reflexiones 365 días después de mi MIR

El sábado pasado fue un día importante. El enero de la niña bonita se evaporaba mientras más de uno, seguro, tenía que echar mano del Sumial, de la homeopatía, o de hacerse un altarcillo con las estampas de santos, Vírgenes o Budas rechonchos en miniatura: amuletos y remedios para todos los gustos. Y es que el MIR y demás "IRes" volvían a hacer acto de presencia. Aunque estuve pendiente de las noticias, y de los amigos y conocidos que se enfrentaban a “El Trámite", mi feliz tarde de sábado era bien distinta: remoloneaba en el sofá leyendo un libro, sin dejar de tener en mente si acababan de empezar, si les sudarían o no las manos, y a qué ritmo irían gastándose chocolates y cocacolas; cuánto tiempo les restaba para el final. Pero, después, inmersa toda la semana en un curso de electros en el Clínico, cerrado con un apetitoso doblete viernes-domingo de guardias de Urgencias, apenas he curioseado preguntas, dificultad ni resultados. 
Y es que es increíble con qué facilidad pasa un examen de gobernar tus días a merodear de cerca pero saludando desde lejos. Hace no mucho me preguntaban cuántas netas obtuve, y ni me acordaba. Ni se me hubiera pasado por la cabeza hace poco más de un año, cuando me despertaba y me acostaba pensando en ellas. Cuando aquellos últimos días eran, decían, el principio del fin. Sin darme apenas cuenta ya ha transcurrido un año: el mismo día, a la misma hora, me encontraba de nuevo cerrando otro enero. Pero de qué diferente manera.  

Principio del fin. Más bien, ya veréis, un tremendo corto y cambio. Al fin y al cabo, no tiene mucho sentido hablar de principios y finales cuando  no paro de toparme con ellos por todas partes: de rotación, de fiesta, de curso, de sesiones clínicas, de lo que pudo ser y no fue, de guardias memorables y otras horrorosas. Puntos de partida y de llegada que se suceden a una velocidad vertiginosa mientras, por el camino, yo trato de aprender y aprehender cuanto puedo. Pero siempre intentando no caminar en círculos. 

En medio de esta vorágine, a veces, nos paramos a pensar. Y no sé si esto es lo que nos imaginábamos. Esa dulce vida del residente de primer año. Los días felices que nos habían prometido. Porque aquí hay hueco para todo. Caben el subidón de las primeras veces: la primera vía central, el primer parto, el primer “caso gordo” que no se te escapa en la guardia. Pero también la incertidumbre, la sobrecarga, el cansancio, las dudas. El ser el último mono. El tener que estudiar más que nunca, en realidad. Una vida circular cuyas estaciones son madrugón, hospital, cansancio, muerte súbita en el sofá, estudiar, dormir y volver a madrugar. Y, claro, ¡menudo bajón! Cuando te das cuenta de que, tras esa nube donde flotábamos cuando calor y novedad se daban la mano, de que a nuestras vidas, a lo que hasta ahora éramos, las montaron en una montaña rusa y las pusieron boca abajo para sacudirlas.

Nos hacemos mayores. Los veintipocos van siendo más bien veintitantos, y quizás es que nos toca madurar de forma brusca, como a frenazos. Y eso cuesta. Así que, mientras los días vuelan nos dejamos arrastrar por ellos, dejándonos llevar por la corriente de “lo que toca” esta vez. 

Pero pensémoslo: en el fondo, dejarse llevar suena demasiado bien, después de haber ido contra tantas cosas tanto tiempo: contracorriente, contrarreloj, contra viento y marea, contra percentiles. Y además, mientras en la orilla encontremos amigos, chocolate, ganas y caprichos de saliente de guardia, nada puede ir tan mal ;)

El domingo volvía a Madrid tras un efímero fin de semana en casa, y al dejar a la izquierda el Doce me di cuenta de que en cuestión de semanas los erreblastos andarán pululando por los pasillos, ávidos de información. Si me preguntan a mí, les contaré qué deprisa sucede todo. Les hablaré de la montaña rusa. Si da tiempo, les hablaré de pros y contras. Les diré que se busquen, siempre, una vía de escape. Que se lo impongan. Y que, bueno, de Anestesiología aún no puedo contarles mucho, aparte de que me está ganando poco a poco. Me conquista despacio, y, claro, creo que estoy enamorando de ella. Profundamente. Y creo que será un amor para toda la vida.

Trataré de ser escueta, y es que por ahora sólo sé unas cuantas cosas: que van a ser muy felices, si así lo quieren. Que yo de ellos me entregaría a la profesión, pero que no pueden olvidarse de que, ante todo, hay que vivir. No se puede ayudar a los humanos si uno no se comporta como tal. Que, otra vez, podemos con lo que nos echen. Y que yo, de momento, y cada vez más cerca de ¡ser R2!, duermo algunas historias y sueño con escribir otras.

PD. Enhorabuena a los erreceros/erreblastos. Llamadlo como queráis: el principio del fin, el cambio, el looping. Pero vuestra olaza ya es vuestra. Porque, pase lo que pase, al final estaréis en vuestro lugar, y algún día lo sabréis. Lo sentiréis. Pero, amigos, os quedan unos meses de neurosis colectiva. Y, como yo pasé por ello (y de qué manera; que se lo pregunten a mi madre) me ofrezco por si puedo resultaros de ayuda: qué preguntar en "la ruta de hospitales", por qué elegir Anestesia, cosillas sobre los hospitales donde yo pregunté...
Pretendo crearme un correo, pero podéis escribirme en comentarios. Espero ser útil :)

sábado, 27 de diciembre de 2014

Feliz e (im) perfecta Navidad

Miento como un bellaco si pretendo fingir que la Navidad no me entra por los ojos. Yo, que si existe la reencarnación bien pude haber sido elfo en Laponia en otra vida, o, qué sé yo, el camello de Melchor, o la estrella de Oriente. El mismísimo pesebre, incluso. Lo que sea; cualquier contexto cultural me vale mientras tenga algo que ver con los días que rodean al veinticinco de diciembre. Miento si niego que me vuelvo completamente majara cuando octubre se quiere acabar, y aún paseando en mangas de camisa, las bolas de nieve, las guirnaldas y los catálogos de juguetes empiezan a desbancar de las estanterías en los templos del consumo a chanclas, bronceadores y otros restos del sol. Sufriría una hipertrofia nasal que ni Pinocho si tratase de ocultar que cada vez que salgo del gimnasio tengo que luchar contra mis pies para que no entren en el Tiger que hay justo al lado a caer en la tentación, pues corro el serio peligro de salir del lugar armada con cachivaches varios y tremendamente útiles como puedan ser tres angelotes, un reno o moldes para galletas que luego nunca hago porque no tengo ni tiempo ni espacio para un michelín más.
Así que sí: soy el antigrinch y debería haber nacido en Finlandia. 

Por eso adoro diciembre. Incluso con su consumismo y su derroche. Adoro desparramar por el suelo adornos de todos los colores aunque siempre termine escogiendo los rojos. Pelearme con las luces para, al cabo de un tiempo no inferior a cinco eternos minutos, lograr desenredarlas. Oír a la Gorda roncar de fondo, agotada y con el hocico lleno de purpurina tras el esfuerzo titánico de haber inspeccionado las bolsas de adornos una por una. Emocionarme con la novedad que me ofrece Madrid en el horizonte desde el pasillo de quirófanos cuando se despoja de su nube de humo descubriéndome la nieve a lo lejos. Tratar en vano de aprenderme villancicos en inglés para cantarlos todo lo a voz en grito que me permita el catarro de turno, y partirme de risa cuando descubro que se los he pegado a mi madre y a mi mejor amiga. Que por las noches en la tele pongan películas de Disney y poder hacer maratón sin remordimientos ni madrugones. La competición silenciosa y deslumbrante de las fachadas del barrio por dictaminar cuál se lleva el premio a la iluminación más chirriante y epileptógena.

Así pues, es comprensible que una vez más tiendan ustedes a tirar de estereotipos y me tilden de moñas, imaginándome envuelta en un halo de luz tenue, paz y armonía las dos últimas semanas de diciembre, mientras la voz de Ella Fitzgerald ronronea en un gramófono de altavoz dorado a 33 rpm.

Pero no. A la Fitzgerald la interrumpen cada tres canciones sin excepción los anuncios de Spotify, porque no soy Premium. Puede que haya una tenue luz, sí, pero no procede de esa dichosa velita algo snob que me tienta de diciembre en diciembre. Y no: la meteorología este año tampoco nos deja vivir una blanca Navidad. Comprensible si a medio día el termómetro alcanza sin gran esfuerzo los quince grados centígrados.

No obstante, una cuenta entre sus defectos y virtudes con la testarudez. Así que, empeñada en edulcorar mi veinticinco de diciembre y completar mi galería de Instagram con la imprescindible foto del abeto, ahí estaba yo: a ras del suelo, cámara en ristre, tratando de hacer la perfecta foto navideña, obstinada en que la Gorda se tumbase junto al árbol para obtener una idílica postal de revista de decoración. Quería crear una imagen que destilase hogar por cada uno de sus píxeles. Para, después, complementarla con la pertinente parrafada versando sobre turrón, paz y armonía, que para eso estoy de vacaciones y volver a casa me devuelve la inspiración que Madrid no me roba pero sí me esconde tras su vértigo. Pero la tele encendida y el chunda-chunda escapándose de los cascos de mi hermano hacían demasiado ruido. Y la Gorda, harta de mi complejo de fotógrafa de pacotilla del AD, en lugar de echarse al parquet a poner su habitual cara de perra dócil y adorable, agarró uno de los peluches de debajo del árbol con el firme propósito de arrancarle los ojos y sacarle el relleno.
Aunque al final logré salvar al pobre muñeco de trapo a cambio de un yogur que terminar de rebañar con su inmensa lengua perruna, Reina me recordó que esto de vivir va, en definitiva, de planificar menos y de improvisar más. De caos, de informalidad. De feliz e (im) perfecta Navidad. Que la vida no tiene que ser perfecta para ser maravillosa. Que no es Navidad si no tienes que recorrer la casa de abajo a arriba a la caza y captura de al menos cuatro modelos distintos de silla; veinte culos son muchos culos que sentar cuando la familia crece :) No es Navidad si cuando acaba no sales de casa rodando como las albóndigas que, reconózcanlo, todos nos llevamos en un tupper. No es Navidad si no te pasas tardes y tardes buscando atuendo para el enésimo evento, cuando sabes que, en verdad, lo único que importa es llevar los labios bien rojos y acabar con la suela del zapato llena de restos de confeti y cachitos de cristal cuando has bailado de verdad. No es Navidad si nadie mira con gula la última croqueta, a sabiendas de que tita Rosa, que siempre vela por nuestra nutrición, freirá más en breve.
Y esta vez no es Navidad sin novedades. Qué de cambios en tan poco tiempo. En doce meses he pasado de vivir pensando en netas a salir de guardia, dormir lo imprescindible porque me pueden las ganas y agarrar un volante que llevaba meses sin tocar, para volver a casa y encontrarme una bienvenida que dejó en mantillas al mismísimo anuncio de “El Almendro”. De ser los de siempre sentados a la mesa, a que este año se hayan sumado “ésta” y el bebé más mofletudo del mundo, que presidió la mesa enfrente del ahora bisabuelo. “Ochenta y siete años de diferencia, pero ninguno tiene dientes”.

En mi Navidad nadie va a tocar al timbre y a decirme “to me you are perfect”, porque, en el fondo, mi imperfecto diciembre no es más que la vida sucediendo. Aunque tiempo atrás se me pusiera patas arriba, al final la vida se remienda sola. Y qué maravilla volver a reír en la cocina de forma explosiva. Abrir un buzón saturado de las cartas que mi casera se empeña en no recoger y encontrar una postal que te hace morir de amor. Qué maravilla desearles un poco más de bueno de lo habitual a los de siempre, y a los recién llegados que, espero, hayan venido para quedarse. 

...Feliz e imperfecta Navidad :)

domingo, 26 de octubre de 2014

Madurar, y otras reflexiones de peluquería de barrio

Me he desmelenado. Literalmente. Mientras la mitad de mi cabellera era arrastrada por mi peluquera hacia el recogedor yo visualizaba una reunión de calvos indignados, con caras largas y con una coloración tirando al verde espinaca, así como codiciando lo ajeno. Y del recogedor a la basura; no sé: en nueve o diez “dedos” se redujo mi longitud capilar. Luego, riéndose, me dijo que era la primera vez en años que le decía algo distinto a “¡No cortes mucho!”. “Está madurando. Sabe lo que quiere”, sentenció después, mirando a mi madre.

Pues no sé si estoy madurando. No sé si sé lo que quiero. Pero al menos voy sabiendo qué no quiero. Y no es poco. Para empezar, quisiera no perder la costumbre de extraer conclusiones útiles a pie de calle, sea en la peluquería, en un bar, o en un vagón de tren.

No sé por qué será que sí sé qué no quiero. Será que me estoy haciendo mayor: son ya veinticinco mis otoños, aunque no se me antojen tan lejanas aquellas otras veces en que la misma peluquera se ensañaba con mi pelo mientras yo me rendía a lo inevitable (“tienes que estar fresquita, para el verano”) encaramada sobre una torre de cojines de los Power Rangers para estar a la altura precisa que requería el tijeretazo.

… Será que lloro menos, mucho menos, que antes. Será porque me estoy endureciendo. Curtiéndome como el cuero, haciéndome residente-resistente a base de guardias. Será que los años pasan y a veces pesan, y es por eso que siempre escribo las cifras con palabras y no con números: así se clavan, así dejan impronta. Será porque ahora me ha entrado la neura y utilizo contorno de ojos para tratar de luchar contra los efectos de levantarme y acostarme a horas que van contra natura. Será que aunque sólo sé que no sé nada llevo un mes teniendo estudiantes rotando conmigo en El Doce, y trato de explicarles lo poco que voy sabiendo. Aunque sólo sea por que no hagan la fotosíntesis, como tantas veces hice yo. Será que algunos de mis amigos tienen treintaytantos.

Sea lo que sea, y aunque voy sabiendo qué no quiero, aunque llore menos, aunque salga más, no disto tanto de la niña a la que cortaban el pelo sobre una torre de cojines. No he cambiado tanto. Qué va. Tanto que a veces hasta creo que involuciono. Regreso al origen. Porque volví a soñar con Madrid, como hacía a los quince, y ahora la callejeo, la exploro, me la bebo, la bailo y la adoro. Porque me despojo del sentido del ridículo para quitarme un peso de encima y poder saltar muy alto antes de abrazar con fuerza a mis amigos cuando hace meses, incluso años, que no les veo. Aunque suele ocurrir que, dos minutos después del reencuentro, es como si hubiésemos tomado el último café la tarde de antes. Porque escapar del ruido capitalino se ha convertido en una necesidad, y volver a ese campo es mi oxígeno. Como una cría, convierto en aventura el ir a buscar nueces, palo en mano para luchar contra las ramas que traten de arañarme. Porque que las calles se llenen poco a poco de Navidad me despereza la sonrisa como hacía años atrás.

Evoluciono, crezco, maduro, y esta huida hacia adelante a veces no es más que saber cuándo y cómo retroceder: imito a los peques de mi familia, y, mimetizándome con ellos, de tarde en tarde me acuerdo de ser, un ratito, niña otra vez. Entonces abro mucho los ojos para no perderme ni un detalle, río a carcajadas cuando me apetece y sigo creyendo en los Reyes Magos. Aunque ahora vengan a Madrid en coche, y no en camello, para dejarme el congelador lleno de tuppers, o aunque ahora sea yo quien viaje hasta mi Oriente particular, guiándome siempre por las mismas estrellas: para cargarme de abrazos, de bizcochos que superan todas las expectativas a pesar de los nefastos antecedentes personales, de pilas que se agotan y en mi Oriente, que es también mi norte, se recargan en tiempo récord.

No sé muy bien lo que quiero. De momento, no perder el entusiasmo. Empezar por ahí no estaría nada mal :)

jueves, 28 de agosto de 2014

Julio: Rayos y truenos. Mañanas en el subsuelo

Julio tenía la fea costumbre de perder las formas conmigo. La desfachatez de despertarme sin llevarme el desayuno a la cama y sin haber dejado antes la habitación flotando en una suave penumbra. Como cuando mamá trabajaba, y yo pretendía negarme, cabezona como la que más, a ir al colegio. Entonces mi niñera tiraba fuerte de la sábana, de golpe, y me hacía sentir frío. Y no me quedaba más remedio que abandonar la seguridad y el calor de las mantas.
Pues así solía ser julio conmigo. Se volvía brusco, violento y despiadado, y nos despertó a todos, desarropándonos, con noticias frescas y putas que se nos estampaban en los morros como una bofetada de realidad. Nos volteó la existencia: al arrancarles de cuajo su juventud, al recordarnos lo finito del mejor amigo del hombre. 
Julio boxeaba conmigo: me dio golpes fuertes. Qué bueno que, por eso, julio me ha enseñado a vivir con más intensidad. A espabilar un poquito. A perpetuar a mi mejor amiga en siestas conjuntas, en rascar su barriga perruna durante horas, en montones de fotos y galletas fraccionadas en pedacitos a la hora del desayuno, siempre compartido cuando vuelvo a casa. Debe ser lo único que esa tragona bola de pelo mastica :)
Esta vez julio no iba a ser menos, y se presentó gris y fresco, y trajo, otra vez, noticias frescas, y grises oscuras, y muy putas. Pero creo que, a pesar de todo, Madrid no quería espantarme en nuestro primer verano juntos con calles hirviendo a treinta y nueve grados. Así que julio le refrescó su asfalto, tan gris como él, con algún que otro chaparrón, justo en los días en que olvidé mi paraguas. Y qué bien, oye: que la lluvia siempre me limpia por dentro. Y nos encerró durante más de veinte mañanas en el subsuelo, sentados frente a pantallas dobles –y también grises- de dimensiones con las que ni nos atreveríamos a soñar en las guardias de Urgencias. “Radiografía de tórax, dos proyecciones…” una y otra vez, a media voz, susurrado a ese aparato que entendía a veces lo que debía, y otras lo que le daba la gana. Qué potente somnífero. 
Y a pesar de la ausencia de pacientes –que compensábamos indagando en la evolución de Aniceto and company-, aquella tormenta no estuvo tan mal. Escapábamos de la sala de lecturas en busca de cafeína y quién sabe si de inspiración, de suerte o de risas en la encrucijada de las máquinas de cocacola. Perdíamos el tiempo, ganábamos la vida. Y al final, admitámoslo, hasta aprendimos. Cómo buscar un derrame pleural con fundamento, qué demonios significaba –por fin- la socorrida coletilla de la redistribución vascular, a la que tantas veces recurrimos en un fallido intento de sonar profesionales. Fuimos la envidia de todos, con nuestro exclusivo y benevolente horario laboral. Aunque a veces nos sintiéramos tan en la facultad.

Y es que si algo he aprendido es que no puedo dejar de aprender. Nunca. Nos enseñen julio y sus palos, nuestros mayores o hasta nuestros pequeños. 

miércoles, 25 de junio de 2014

De balcones y Nefrología

Desde mi balcón veo uno de los altísimos edificios de Plaza de España. El que no está vacío; ése dicen que lo han comprado unos chinos. En este junio, que quisiera ser del norte y nos concede una tregua al asfalto y a los viandantes, me gusta asomarme, después de cenar, y  ver cómo el día no tiene prisa por irse a dormir. Que son casi las once y la luz no se apaga. E imaginar qué vistas indiscretas y privilegiadas tienen los habitantes de ese edificio, que salvaguardan su intimidad en las alturas. No como una servidora, a la que no le queda más remedio que saber que los vecinos de enfrente tienen las mismas sábanas de Ikea que media población española y, si me apuras, hasta veo esta noche la televisión con ellos, de balcón a balcón. Y, viceversa, mi cotidianidad también se intuye entre visillos y tras los estores (de Ikea, también).  Es  lo que tiene vivir en un segundo piso, en una callecita estrecha con balcones atestados de plantas y molinillos de colores, donde tan pronto escucho ligar en italiano o maldecir el empedrado en inglés, como veo procesionar hasta los bares camisetas de fútbol de todos los colores (la roja ya no, ya saben que esta vez ni olimos la gloria balompédica), o un mendigo con la voz cascada canta una de Sabina. Cosas de Madrid.

Y entre tanto, mientras sueño con vivir en un vigésimo noveno piso con vistas al templo de Debod, Quique y Mr. Clooney vuelven a la vida en la Unidad de Agudos de Nefro. Les pusieron VMNI, les cubrimos cocos con Vanco, les dializaron de urgencia, les bajó el potasio. Cuando todo fue mejor, nos echamos unas risas. “Encantado, doctora”, me dice los días que me quedo sola. “Y yo más”, le respondería, aunque lo dejo en un cortés "igualmente". A pesar de la Intranet y de la hipoglucemia cuando aún me queda mucho por hacer en la mañana. Aunque a veces me sienta más secretaria que médico. Aunque las sesiones clínicas discutiendo sobre lo humano y lo divino de las glomerulonefritis se me hagan tan densas, pero no tan dulces, como la miel. Encantada, a pesar de los pesares; para pesares el de Constantina: es posible que ella corra distinta suerte a la de Clooney. Tenía la mirada ausente, y las manos demasiado frías.


Y en un parpadeo, de casa al trabajo, y del trabajo a casa: la línea amarilla. Señoras gordas, pluripatológicas en potencia; ese hombre que ofrece pañuelos, y que bien, por la edad que aparenta, podría ser mi padre. Las caras de sueño, los libros electrónicos conviviendo en aparente armonía con los de verdad: los que tienen los bordes sobados y las esquinas dobladas, y al abrirlos huelen bien. Las vueltas multitudinarias de los jueves, después de la cerveza fría. El día en que caí en la cuenta de que, por fin, me había olvidado de que hubo un tiempo en que buscaba sus zapatillas grises. Quizás la mala noticia es que, ahora, lo que busco sin quererlo es tu pelo.Y entre todo, las pausas y las prisas llevándose bien. 

P.D. Mi portátil murió por quinta vez sin opciones de reanimación, y Ana María Matute se fue hoy, así que yo tuve que coger prestado el de mi buen amigo J cuando se me apareció esta sentencia suya que tan al pelo me viene: "Escribir es un deseo de recuperar todo lo que se ha vivido y se ha perdido".

:)